La escuela “comprensiva” (mala traducción del vocablo inglés comprehensive) consiste, en resumen, en que los alumnos asistan a la misma clase que el resto de alumnos de su edad. Aplicando irónicamente los palabros progres, se trata de una “segregación por razón de edad”. Antes de que el progresismo infectase la enseñanza, los alumnos no asistían al nivel correspondiente a su edad, sino a sus conocimientos y habilidades. Los alumnos que dominaban las enseñanzas de su nivel eran promocionados al curso superior independientemente de su edad, y los que no los dominaban a final de curso repetían curso hasta que conseguían aprobar. De este modo, todos los alumnos siempre estaban estimulados: en su clase podían entender lo que les explicaban y aprendían siempre cosas nuevas. En cambio, la escuela comprensiva sólo está adaptada a las medianías, pues destroza el aprendizaje de dos grupos: los alumnos brillantes… y los torpes. Los alumnos brillantes se aburren de oír cosas ya sabidas, y como no tienen escapatoria (la escolarización es obligatoria) se evaden en clase mediante la pasividad o las travesuras. Igualmente, los alumnos torpes son forzados a pasar a un curso sin dominar las bases del anterior, por lo que cada vez se enteran de menos y caen en la depresión o la agresividad. En cualquier caso, al cabo de pocos años tanto unos como otros son carne de fracaso escolar.
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